La mediación en la resolución de conflictos

Cuando las familias no saben cómo afrontar los cambios y actitudes manifestadas por sus adolescentes, pueden darse situaciones de mucho estrés e incluso violencia familiar. En estas situaciones, con frecuencia los padres deciden recurrir al centro de Salud Mental para que el menor se vea con un terapeuta. El objetivo es que cambie su actitud y comportamiento, pero   en ocasiones se patologiza la situación y se recurre a la medicalización, con el fin de que cesen los conflictos. Esperar que un conflicto se solucione de forma satisfactoria a través de medicamentos y sin las terapias adecuadas, es como escayolar una pierna rota sin curarla y confiar en que cicatrice bien.

En realidad los conflictos son inevitables y forman parte de la vida y del desarrollo humano. La mediación se convierte aquí en un proceso de aprendizaje y empoderamiento que, además de facilitar la resolución de conflictos ya existentes, puede ayudar a las personas a adquirir las habilidades necesarias para resolver de manera autónoma conflictos que surjan en el futuro. A través de la mediación, podría evitarse la ruptura de vínculos familiares en situaciones de crisis, así como facilitar la superación de las mismas y el mantenimiento de un equilibrio. El propio hecho de considerar a la familia y no a uno de sus miembros como  objeto de intervención, puede reforzar sus lazos.

La mediación es un método muy eficaz no solamente tratando los conflictos dentro de la familia sino también a nivel social y escolar. Es increíble como aumentó la violencia durante los últimos años y sorprende la crueldad y la falta de humanidad y empatía hasta entre los más pequeños.  Como sociedad deberíamos dejar de tirarnos la pelota de quien es la culpa y que cada uno se responsabilice de la parte que le toca. Está claro que como padres, educadores y profesionales cometemos errores a veces imperdonables. Desgraciadamente hasta la ley no siempre actúa adecuadamente y deja desprotegidos los más vulnerables.

El trabajo del mediador no consiste en ofrecer consejos. Durante el proceso de mediación no importa su opinión personal. Su compostura debe ser siempre neutral e imparcial. Las personas necesitan expresar, sentir e identificar sus propios pensamientos y sentimientos. Deben  llegar a sus propias conclusiones. Por lo tanto, su trabajo se limita en guiar.

La mente interpreta y juzga fácilmente. Cuando las personas se ven atrapadas en situaciones problemáticas cometen varios errores.  Creen que son objetivos y la verdad está de su parte. En segundo lugar actúan a través del enfado, la negación y la rabia, buscando las soluciones fuera de sí mismos. Y en tercer lugar pero no con menos importancia, involucran a terceros, que se posicionan sin intención de solucionar nada.

En la hora de intentar ser objetivos, imparciales y neutrales debemos procurar permanecer en paz y en silencio. Está demostrado que tanto el cuerpo humano como la mente entran mucho más fácil en acción que en estado de relajación. ¿Cuál es la razón? Cada estimulo provoca reacciones automáticas e inmediatas a través de los reflejos creados, mientras que  para relajarse necesitamos tiempo, se requieren técnicas y un nivel de consciencia más elevado. Una mente atormentada y envenenada por el enfado o el miedo, en general por las emociones, reproduce  imagines catastróficas, provoca bloqueos y no guía hacia soluciones positivas.

 A lo largo de la infancia y la adolescencia, en casa y en el colegio recibimos  cantidad de información, basada más en lo que NO debemos de hacer que de lo que somos capaces. A consecuencia nos faltan herramientas, disponemos de gran cantidad de límites y estamos completamente desubicados en la hora de buscar soluciones.

Uno de los objetivos de la mediación es cambiar la perspectiva. Transformar las historias en positivas. Modificar el sentido dado a los hechos. Ayudar a los implicados a tomar consciencia sobre las consecuencias de sus comportamientos y decisiones y darles la oportunidad de elegir. Es muy importante diferenciar a las personas del problema. Ni tú ni yo somos el conflicto, formamos parte de él. No es lo mismo decir “eres malo” y “lo que hiciste está mal”. Cuando la persona tome consciencia sobre las consecuencias de sus pensamientos y actos, tiene el poder de realizar cambios. Entonces una actitud de defensa, justificación y ataque donde cada uno se siente víctima y percibe al otro como agresor, se transformará en un acto consciente de elección en el cual cada uno es creador de las circunstancias. En la búsqueda de solución cada uno crece a través del otro y sus propios descubrimientos.

El mediador es un ejemplo de dialogo, respeto, imparcialidad y humanidad. El enseña a los mediados a ser más abiertos y positivos en la hora de relacionarse y respetar las diferencias. El conflicto es una oportunidad de crecimiento y aprendizaje.

 Cuando hablamos de ver la realidad, hay que tener en cuenta que hay tantas realidades como partes en el conflicto. No hay verdad absoluta sino versiones.