Terapia grupal : objetivos y beneficios.

El filósofo Aristóteles sentenció, “el  hombre es un ser social por naturaleza… el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada para su propia suficiencia, no es miembro de la sociedad, sino una bestia o un dios”.

A lo largo de su vida el hombre desarrolla dos dimensiones, la individual y la social. Es imposible crear y desarrollar la personalidad y tener una vida plena y productiva sin relacionarse con los demás. A través de la familia, las amistades, los grupos y colectivos el ser humano busca seguridad y reconocimiento. Todos sentimos la necesidad de pertenecer a un grupo y sentirnos escuchados, aceptados y  queridos.

A lo largo de la historia hemos conocido muchísimos casos de niños que pasaron su infancia fuera de la civilización, los llamaron niños salvajes. Algunos ejemplos son las dos hermanas Amala y Kamala, Víctor de Aveyron, Genie etc. Aunque son casos extremos,  demuestran claramente las consecuencias irreparables del aislamiento. 

La infancia es el periodo de maduración del cerebro, durante la cual constantemente se establecen nuevas estructuras neuronales lo que proporciona al cerebro un cambio constante. Por esa razón los niños muestran interés y curiosidad hacia todo lo que les rodea. El cerebro es muy parecido a cualquier musculo que tenemos, por lo tanto hay que ejercitarlo y estimularlo constantemente si no queremos que pierda cualidades y que se atrofie. Tanto la plasticidad cerebral como el intelecto no son constantes estables y pueden variar durante toda nuestra vida, así que  a la vez  puede ser buena o mala noticia. Puesto que la infancia es la etapa en la que enseñamos al cerebro a aprender o a no aprender.

Cuando hablamos de niños normales, las consecuencias del aislamiento o el abandono son similares. Durante la infancia, a través de la interacción social el niño aprende y desarrolla habilidades que les servirán durante toda su vida. La falta de estimulación, el descuido, el abandono o los malos tratos  producen daños severos y a veces irreparables.  El desarrollo de la personalidad es seriamente afectado y las capacidades lingüísticas son pobres y nulas. Es imposible que un ser en estas condiciones se sienta integrado socialmente. Hablaríamos de individuos capaces de sobrevivir pero no de socializarse.

El ser humano constantemente esta sometido a la aceptación o al rechazo por parte de los demás y eso moldea su personalidad y comportamiento de manera positiva o negativa. A veces nos sentimos abatidos, juzgados, incomprendidos y solos. El rechazo y el abandono que podríamos llegar a sentir, provocan emociones y sentimientos muy fuertes de miedo, dolor, vergüenza, ira y desesperanza. Nos sentimos atacados por pensamientos negativos. No disponemos de herramientas y menos del apoyo que deseamos. Nos gustaría identificarnos a través del otro, sentir su comprensión y empatía, pues de esta manera nos comprendemos mejor a nosotros mismos.

El tema de la amistad ocupa un lugar principal en la  vida del niño desde la infancia. Aunque es importante durante todas las etapas, desde la preadolescencia empieza a tener otro sentido. Lo que importa es encajar y llevarse bien con los demás por eso muchas veces los propios intereses podrían ser sacrificados para adaptarse a las exigencias de los demás. El grupo tiene muchísima importancia hasta el punto de tener secretos, contraseñas, señales o idioma propio, saludos específicos y palabras en clave. La opinión de los amigos empieza a tener más importancia que la de los padres. Durante esta edad el adolescente elige un modelo para imitar, que podría ser un hermano mayor, un ídolo del deporte o la música o alguien que considera líder y digno de admiración. Por esa razón es muy importante el tipo de amistades y grupos a los que se asocian nuestros hijos, pues algunos pueden ser mala influencia.

El grupo ofrece a sus integrantes la posibilidad de sentir esa pertenencia y universalidad al respecto de los problemas comunes, lo que les permite dejar de centrarse en sí mismos  y  de verse como “victimas de su destino”. Cuando un ser humano aprende verdaderamente a ponerse en el lugar del otro, desaparece el juicio moral, el fanatismo, el miedo, la intolerancia y la ira.

Las terapias en grupo siempre tienen un objetivo común, los integrantes están unidos por las mismas características, edades o problemas. Una de las características más importantes del grupo es la posibilidad de reflejarse en el otro. A veces nos cuesta identificar o describir lo que sentimos. Por esa razón, escuchar nuestra historia a través del otro nos ayuda a entendernos mejor y ver la situación que vivimos desde fuera de forma más objetiva. Durante las terapias grupales es maravilloso observar los lazos  de confianza y amistad que se van creando, lejos del juicio o la crítica. Los participantes abiertamente se aconsejan entre ellos en un ambiente de amabilidad y confianza. Los integrantes expresan muchísimas emociones, sin  miedo a sentirse ridículos o rechazados.

Durante las sesiones terapéuticas se trabaja con fortalezas y memorias de éxito en el afrontamiento de hechos adversos. Cada miembro las identifica en sí mismo y en los demás basándose en situaciones actuales o las  del pasado que afrontó con éxito. La experiencia de situaciones ya superadas con más o menos éxito, puede ayudar a extraer aprendizajes. Es importante responder a las preguntas: ¿Qué aprendiste sobre ti a través de esta experiencia?, ¿De qué te serviría en un futuro?, ¿Que dirías a personas que están pasando por lo mismo? El objetivo está en utilizar la fortaleza o virtud detectada  como una vía para promover un cambio o afrontamiento alternativo.

Muchísimos aspectos existenciales y espirituales se trabajan también en grupo. El motor de cada persona son sus metas, expectativas o anhelos. Por esa razón, a través de la educación emocional es importante crear valores que desarrollan la consciencia. Se despierta el deseo de descubrir el verdadero motivo de la existencia. Descubrir el rumbo y el destino de nuestro camino y aquel don que venimos para desarrollar y ofrecer a los demás en forma de profesión y servicio.