Dime de que careces y te diré en que crees. VII. La espiritualidad, creencias de bloqueos.

Dime de que careces y te diré en que crees. VII. La espiritualidad, creencias de bloqueos.

 Hay muchas diferencias entre lo que crees, lo que crees que crees y lo que sientes que debes creer por esa razón, sufrimos conflictos internos y externos y enfermamos.

Las creencias relacionadas con la espiritualidad deberían de conectar con la pura consciencia siempre y cuando no están bloqueados por los apegos que nos impiden fluir y nos atan al mundo y a las necesidades.

La espiritualidad siempre ha sido un tema muy importante para el ser humano. Parte de la felicidad está unida al deseo de entender cómo funciona el Universo y cuál es el sentido de la vida. A pesar de los logros materiales que podríamos obtener,  buscamos la plenitud de vivir y no simplemente cubrir las necesidades de la existencia.

En las creencias espirituales encontraremos muchísimas que forman la imagen de Dios. Según la Biblia, Él creó el humano a su imagen y semejanza y no fue al revés. Por lo tanto, la misión del hombre es aprender de su creador y procurar parecerse a él. La imagen que tenemos sobre Dios tiene mucho que ver con la relación que tenemos con nuestro padre. Le proyectamos las mismas emociones y sentimientos. Entonces lo percibimos como un ejemplo a seguir, como justo e inteligente, como cómplice, como cumplidor de deseos o como un neurótico que existe con el único objetivo de vigilarnos y castigarnos a través de desgracias y  enfermedades. Algunos creen en un Dios egocéntrico que disfruta vernos de rodillas llorando y rogándole, mientras otros sienten que es un guía que nos acompaña durante el aprendizaje llamado vida.

Según la Biblia Dios creó el mundo, la vida y al hombre a través de la palabra, pues lo que dijo se hizo. De ahí entendemos la importancia de  todo lo que negamos o decretamos. Las palabras  crean pensamientos e imágenes  gracias a las que vivimos emociones y sensaciones pero también creamos y atraemos circunstancias.

En las creencias espirituales encontramos  las creencias sobre el bien y el mal. Los personajes bíblicos  de los  hermanos Caín y Abel son metáforas que representan y demuestran la lucha de las polaridades, la necesidad de posicionarnos. Independientemente si somos creyentes o no, los pensamientos dicotómicos marcan nuestras creencias. A veces ignoramos que el bien y el mal no siempre y no para todos significan lo mismo.

De pequeños aprendemos sobre el bien y el mal a través de los cuentos y las leyendas. El bien es la belleza, la bondad y el amor mientras que el mal es feo, agresivo y repugnante, por lo tanto todo lo que no consideramos bello se cataloga como algo malo que hay que arreglar y cambiar. Un buen ejemplo es la frustración que provocan son cánones de belleza.

Crecemos con la idea de que el bien debe ganar y cuando esto no ocurre, nos sentimos traicionados y engañados. También creemos, que el mal hay que eliminarlo, que es mejor que no exista. Por esa razón las creencias sobre la positividad se crean  de forma muy equivocada, pues tendemos a pensar que siempre debemos ser felices y perfectos y si no es así nos sentimos culpables. En realidad la perfección está en el equilibrio entre las polaridades. El mal hay que integrarlo, las emociones que llamamos malas tienen su función, son el impulso que nos mueve hacia las soluciones, hacia el cambio y la renovación, siempre y cuando se canalizan y expresan de manera constructiva.

Las creencias sobre la vida eterna provocan inquietud y preguntas. ¿Cómo hay que merecerla? ¿Existe realmente la muerte o es una simple trasformación? ¿Cómo que el infinito no tiene fin?

Uno de los propósitos más duros que debe cumplir el ser humano es saber encontrar el equilibrio ente la parte humana que se aferra a la materia y a lo terrenal y la parte espiritual que llega mucho más allá de la mente y sus interpretaciones. Claramente la mente es limitada, intenta entender, catalogar y etiquetar toda la información que recibe, buscando la lógica humana. A cambio el alma siente la vida y no intenta comprenderla. Escuchamos sugerencias sobre cómo debemos hablarle al Universo y como decretar para que nos entienda correctamente y la cuestión está en conectarnos y vibrar realmente en la frecuencia que deseamos. Las palabras crean energía y funcionan siempre y cuando están de acuerdo con nuestras creencias.

De la creencia del pecado original nacen las creencias sobre la culpa que se pueden interiorizar o proyectar fuera de nosotros.  Nos sentimos malos, no merecedores y vivimos con la inquietud de que nos deben aceptar  y querer. Intentamos agradar y queremos que “el otro vea”, “que se dé cuenta”. El sacrificio es la forma de pagar por el pecado original.

El sufrimiento también es creer que la culpa la tiene el otro. “Sufro por tu culpa”; “mira lo que me estás haciendo”, “por ti lo sacrifique todo”. Adam echó la culpa a Eva y ella por su parte a la serpiente.  Caín no fue capaz de dominar la rabia, la envidia y el enfado y las proyecto en su hermano Abel.

Las creencias sobre la culpa nos llevan a las creencias sobre el perdón entonces, si hay un conflicto uno debe ser el bueno y el otro el malo. También nace el mecanismo de manipulación, si yo hago que te sientas culpable me vas a obedecer. Y dicho todo esto, es buen momento para preguntarnos, ¿de qué me siento culpable?, ¿de qué me defiendo? y ¿que necesito demostrar?

Según W. H. Auden, “Todos los pecados tienden a ser adictivos, y el destino final de la adicción es la perdición”. Las adicciones emocionales se expresan a través de mecanismos violentos hacia nosotros mismos o hacia los demás. Son acciones que ponen en peligro la salud o la vida, alcohol, droga, trastornos alimenticios. Otra forma es crear relaciones adictivas con parejas o familiares y el objetivo inconsciente es el autocastigo y de no poder disfrutar de la vida. A veces creemos que es el otro el que nos atrapa y la gran pregunta es ¿y por qué no soltamos?, ¿por qué necesitamos ser atrapados? El miedo o la culpa nos vuelven crueles y a veces con nosotros mismos y crean los apegos.

El deseo nos ata al sufrimiento y se convierte en dependencia. Según Antoni De Mello, “el apego no es un hecho, es una creencia, una fantasía de tu mente, adquirida mediante una programación.” Cuando somos incapaces de cumplir o renunciar un deseo y lo convertimos en necesidad, nacen los apegos, materiales, emocionales, de reconocimiento, de poder etc.

Toda dependencia emocional es un vacío en uno mismo y la única forma de llenarlo es desde dentro. No hay dependencias mejores o peores pero quizá una de las más fuertes es la de la espiritualidad equivocada. La necesidad de pertenecer, de obedecer y seguir, de recibir, de refugiarse y de sacrificarse.

Las creencias del servicio son muy importantes en todas las religiones. Cuando hablamos de cuidar o proteger a los demás, confundimos la idea de atender con las creencias del sacrificio. Está claro que la existencia del ser humano jamás será completa hasta que no aprenda a aportar y a dar servicio. Cada uno nace con un don que debe desarrollar y a través del cual será útil para sí mismo y para los demás. De esta manera intercambiamos, conectamos y nos completamos. Estas creencias  no tienen nada que ver ni con obtener títulos para sentirnos superiores e importantes, ni con el victimismo del sacrificio de forma extrema dejando que nos utilicen y maltraten.

En los tiempos que vivimos cada vez más el ser humano intenta conectarse con sus raíces, con su energía y espiritualidad. Desgraciadamente sería inútil mientras se ve a sí mismo como una partícula castigada y aislada que debe nadar contra la corriente para llegar a la fuente. Pensando de esta manera nos alejamos del verdadero objetivo de la espiritualidad y nos volvemos religiosos y fanáticos.

Los conflictos provocados por este tipo de creencias, a nivel físico se expresan a través  de dolor de los huesos, parálisis, esclerosis múltiple, problemas en el sistema nervioso y del sistema autoinmune. Si nos sentimos desconectados del mundo y de los demás perdemos el rumbo, nos quedamos sin metas y motivación por esa razón, sufrimos de insomnio, migrañas, dolores neurálgicos y caemos en profundas depresiones.

Las creencias espirituales van mucho más allá de las religiones.  Intentamos entender la sabiduría de la espiritualidad a través de la lógica del intelecto humano. Lograremos desarrollar este tipo de creencias trabajando el agradecimiento y el perdón, despertando la pura consciencia y  transformando a los prejuicios, los apegos y los temores.

“Vivimos en un mundo de fantasía, un mundo de ilusión. La gran tarea de nuestra vida es encontrar la realidad.”(Iris Murdoch)

Afirmaciones realistas:

Mi vida tiene un propósito y sentido

Soy libre y a la vez parte del todo

Soy pura consciencia

Estoy conectado con la fuente