La epidemia llamada bullying

El bullying es un tema que produce mucha preocupación por las dimensiones epidémicas que tiene entre los jóvenes y cada vez a edades más tempranas, también  por la gravedad de las consecuencias, tanto para la víctima como para el victimario. Este tipo de violencia  es lo más parecido al maltrato por sus diversas formas, algunas evidentes y otras más silenciosas.

Los niños adquieren conductas observando, imitando y más tarde reproduciendo lo aprendido. Cuando el niño ha sido ignorado, humillado o maltratado por parte de los progenitores, desarrolla un comportamiento desafiante hacia la autoridad y las normas en general y tiende a expresar o reprimir el dolor y la agresividad de formas erróneas. Es  futura víctima o maltratador potencial, pues a través de lo vivido aprende de forma equivocada a hacer frente a la frustración y a los desafíos. Cuando en las familias uno de los progenitores es víctima del otro, en algunas ocasiones la rabia y la confusión que el niño va reprimiendo se descarga  hacia el progenitor  que  según el permite la violencia. De este modo fuera de la familia atacaría a los que considera débiles, de alguna forma castigándoles por su falta de reacción y respuesta.

No hay perfil psicológico específico que defina con exactitud tanto a la víctima como al agresor. Existen muchísimos mitos que tienden a generalizar y por lo tanto no son ciertos. Algunos insisten que los agresores salen de familias desestructuradas y otros que las víctimas tienen poca personalidad. En realidad todos en algún momento podríamos convertirnos tanto en agresores como en víctimas, lo que nos diferenciaría es el grado de inteligencia emocional. Por lo tanto, debemos tratar a cada caso según sus circunstancias personales.

Los casos de violencia nos demuestran errores educativos, vacíos emocionales, posibles trastornos  de atención con hiperactividad, trastornos obsesivos compulsivos, trastornos de personalidad, ansiedad, depresiones, baja autoestima etc. Desgraciadamente ante el comportamiento agresivo muchas veces nos bloqueamos y cedemos, lo que empeora la situación ya que el niño aprende un mecanismo destructivo para sentirse superior o para obtener lo que quiere.

¿QUE ES EL BULLYING Y CUANTAS FORMAS TIENE?

El  bullying puede ser directo de forma física, incluye empujones, golpes, bloqueos  robos, abuso sexual o verbal a través de insultos, amenazas, burlas. También se puede hacer de forma indirecta  aislando al niño, ignorándolo y excluyéndolo, difundiendo rumores, comentarios sexistas o racistas,  o involucrando a más personas para que lo intimiden.

Las redes sociales son una herramienta muy poderosa y a veces dañina. Durante los últimos años el ciberbullying se ha convertido en tema principal por abordar, es difícil de tratar sobre todo  por la edad y el anonimato de los acosadores. Consiste en difundir imágenes, montajes, amenazas con el fin de ridiculizar, humillar y acorralar a la víctima.

A pesar de que la Ley especifica los principios y los objetivos de la educación, somos testigos de una realidad preocupante, pues cada vez hay más casos de agresión entre los jóvenes. El 70% de los escolares ha sufrido, presenciado o realizado ciberbullyng y 12% de 9 a 16 años ha sido víctima. Las cifras aumentan comparadas con años anteriores y nos demuestran que no tomamos las medidas necesarias para hacer frente a este fenómeno. En la mayoría de los casos las víctimas son aconsejadas de cambiar de instituto, de barrio o  de ciudad. También se les sugiere que tomen clases de defensa personal con el motivo de que aprendan a afrontar las adversidades de la vida, una medida absurda y poco educativa desde mi punto de vista. En algunos casos el agresor es expulsado del centro educativo por un periodo determinado pero tampoco se le ofrecen medios y la oportunidad para que trabaje y recapacite sobre los hechos como lo recomienda la Ley.

 

“La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, establece en su preámbulo los principios fundamentales centrados en proporcionar una educación de calidad a todos los ciudadanos de ambos sexos en todos los niveles del sistema educativo, para que alcancen el mayor desarrollo posible de todas sus capacidades, tanto individuales como sociales, intelectuales, culturales y emocionales; la necesidad de colaboración de todos los componentes de la comunidad educativa en la consecución de ese objetivo, con un marcado énfasis no sólo en el esfuerzo personal sino también en el colectivo, de manera que la responsabilidad de los resultados escolares del alumnado no sólo recaiga sobre él, sino también sobre sus familias, el profesorado, los centros docentes, las Administraciones educativas y, en última instancia, sobre la sociedad en su conjunto; y ello como compromiso asumido, acorde con los objetivos educativos planteados por la Unión Europea.”

La finalidad del  Decreto 39/2008, de 4 de abril de Conselles establecer, delimitar y garantizar el ejercicio de tales derechos y la asunción de las responsabilidades, en atención al objetivo principal de fomentar una convivencia adecuada en los centros docentes de la Comunitat Valenciana. Junto a esto, la prevención y el apropiado tratamiento de los conflictos que se pudieran generar en el seno de la comunidad educativa, así como la agilización y eficacia de los procedimientos para la resolución de éstos.”

En el Titulo 1, Articulo 7   la mediación se señala como “un proceso de resolución de conflictos que fomenta la participación democrática en el proceso de aprendizaje, posibilitando una solución del conflicto asumida y desarrollada con el compromiso de las partes.”

Artículo 10 establece como medida la creación de las aulas de convivencia. En punto 3 se explica su utilidad: “En estas aulas de convivencia se favorecerá un proceso de reflexión por parte de cada alumno o alumna que sea atendido en las mismas acerca de las circunstancias que han motivado su presencia en ellas, de acuerdo con los criterios del correspondiente departamento de orientación o equipo de orientación educativa, y se garantizará la realización de las actividades formativas que determine el equipo docente que atiende al alumno o alumna.”

En el artículo 11, punto e) se considera importante “Establecer y promover el uso de medidas de carácter pedagógico y no disciplinarias, que ayuden a resolver los posibles conflictos del centro.”

 

Aunque últimamente optamos por modelos de educación liberales, la falta de límites y supervisión conduce hacia una libertad  que excluye la responsabilidad de los propios actos y el desconocimiento de las consecuencias de ellos. Por otra parte la educación no debe estar basada solamente en castigos, pues  casi siempre se perciben como algo injusto y la reacción emocional es de rabia y resentimiento. Es más, lo que el niño aprende es que hacer justicia es limitar, privar y aislar.

No basta con hablar a los niños y a los jóvenes sobre la violencia y enseñarles vídeos. Tampoco conseguiremos mucho solamente aplicando  medidas disciplinarias. Hay casos concretos que debemos tratar de forma inmediata y personal, no solamente juzgando el mal sino reforzando y creando el bien. 

El  programa de reciclaje emocional que desarrollamos es  una oportunidad para aprender y aplicar  actitudes y habilidades que facilitarán el bienestar personal y la integración social.

 

Nos proponemos varios objetivos. Es fundamental descubrir el detonante del comportamiento violento, definir las emociones que lo acompañan y canalizarlas. Nos centramos en ayudar a los jóvenes a que se conozcan mejor. Eso les ayudaría a fortalecer su autoestima, el autocontrol y el autocuidado. Liberarse de los sentimientos negativos facilita el acercamiento y la relación con los demás. Se trata de motivar y apoyar  en la apertura de un camino nuevo y alternativo a la violencia y la agresión.

Durante la infancia se crea el mapa neurológico que determinará la personalidad y el comportamiento del futuro adulto. Una de las causas principales del buylling es la escasa  educación emocional que es la base de las inteligencias intrapersonal e interpersonal. Se desarrollan también las habilidades sociales a través de la empatía y la imitación.

Para resolver los conflictos de forma satisfactoria es importante involucrar a las partes responsables, ofreciéndoles apoyo psicológico y buen asesoramiento. Desde mi punto de vista, en los casos del bullying tenemos dos tipos de víctimas, una es la que sufre los malos tratos y no encuentra la salida de la situación. La otra parte representa dificultades para definirse, ubicarse o expresarse. Claramente confunde la agresividad con fuerza y prestigio, no es capaz de sentir empatía y entender las consecuencias de los propios actos.

La violencia no es un problema personal entre la víctima y el victimario. En sus dimensiones se refleja la pobreza de la sociedad y su incapacidad de afrontarla. Nos centramos en juzgar y pensamos que debemos arrinconar o eliminar el mal en vez de trabajar por integrarlo pero sobre todo prevenirlo.

 

“La educación es la vacuna contra la violencia.” 

 

                                             Edward James Olmos